Por R. Mckinley
1. Escúpelo en su casilla de voz, arrastrando las palabras y sonando como el shot de whiskey que tomaste para reunir el coraje. Siéntete tan avergonzado como cuando vas al trabajo con la ropa de la noche anterior. Despiértate afrentado los siguientes días, esperando a que ella lo mencione.
2. Suspiralo en su boca, acuñado entre dientes y lenguas. No permitas que tus labios se muevan, ni siquiera un poco, cuando lo digas al aire. Tal vez solo era una exhalación de éxtasis.
3. Cómprale flores. Cómprale chocolates. Cómprale un osito de peluche, porque eso es lo que toda comedia romántica te ha enseñado. Llévala a un buen restaurante en donde ninguno de los dos se sienta cómodo y mantente toda la noche aclarando tu garganta y jugando con tu corbata. Siéntete como si tus acciones fueran más apropiadas para una propuesta de matrimonio en lugar de la simple confesión de algo que siempre has sabido.
4. Susúrralo en su cabello en la mitad de la noche, después de haber contado los espacios entre sus respiraciones y después que tienes la certeza de que está durmiendo. Cierra tus ojos con rapidez cuando gire hacia ti en interrogación. Tal vez solo estabas hablando dormido.
5. Suéltalo en la mitad de un baile espontáneo en la cocina, tan torpe como tus dos pies izquierdos. Cuando el tiempo parezca congelarse, añade precipitadamente "cuando te pones esa camisa" o "cuando haces esas albóndigas espectaculares" o, si te estas sintiendo particularmente valiente, "cuando hacemos esto." Sigue bailando y finge que no sientes como te observa por el resto de la noche.
6. Escribele una carta cuya angustia y gran afección pueda rivalizar la del Señor Darcy. Reflexiona todo el día sobre donde deberías dejarla - ¿en su almohada? ¿en el bolsillo de su abrigo? Tírala en frustración, dejándola convenientemente con la cara arriba en el tacho de basura, su nombre escrito con tu descuidada caligrafía. Permite que se pregunte si realmente lo dices en serio.
7. Espera hasta que algo horrible haya sucedido y tú no puedas contenerte más. Espera a que casi la golpee un carro cruzando la pista a contraluz y cuando termines de maldecir a los "estúpidos conductores de taxi sin cerebro en esta ciudad" date cuenta de que te aterroriza la idea de vivir sin ella. Díselo con tus manos temblando.
8. Dilo deliberadamente, tu lengua siendo un trampolín para cada sílaba. Dilo mientras toman café, cepillándose los dientes lado a lado, mientras apagas la luz para ir a dormir - no importa dónde. No lo adornes con palabras extras como "Creo que..." o "Puede que..." No suspires con pesadez como si admitirlo fuera una molestia en lugar de la cosa más dichosa que hubieras podido hacer. Mírala a los ojos y reza, con el corazón latiendo enloquecido, que ella se dará la vuelta y te dirá: "Yo también te amo."

