domingo, 28 de julio de 2013

poison & wine.

Your hands can heal, your hands can bruise
I don't have a choice, but I'd still choose you.

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Ya está acostumbrada a esto. 
El humo del cigarro sin terminar envuelve la sala de estar mientras se consume en el cenicero. El sonido del reloj es lo único que la acompaña en su auto-impuesta soledad y el café que terminó hace unos minutos le deja un sabor especialmente acre en el paladar.
A veces se pregunta como llegaron a esto. Ella sabía que él venía con toda una carga de dilemas, variada a tal punto que podría crear una paleta de colores nuevos, pero aún así ignoró las alarmas en su cabeza y los rumores que circulaban. Estaba tan segura de que de alguna manera podía repararlo, limar los bordes de su personalidad, convertirlo en el hombre deseado. Y en alguna manera lo había logrado. Se comportaba como un caballero en público, mejoró sus hábitos paternales, ya no gritaba (tanto), se vestía de una manera más deseable, utilizaba un cuchillo y tenedor, lustraba sus zapatos sin manchar de betún el piso y lavaba los platos después de comer. Sin embargo, ¿de qué servía todos esos detalles insignificantes, todas esas actitudes insustanciales si su peor manía, su talón de Aquiles era la que la tenía en esa situación? ¿Si el peor de sus errores aún regresaba para atormentarlos?
Ya está acostumbrada a esto, así que... ¿por qué duele tanto?


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En uno de los días buenos (si es que llegan a durar tanto) tienen una cita para almorzar. Siempre es un lugar nuevo, según la sugerencia de algún familiar o amigo. A veces piden un plato propio de la casa o algo muy similar a lo que usualmente comen, para poder compararlo con experiencias pasadas. El sentimiento de domesticidad la eleva y la mantiene de buen humor por la mayoría del almuerzo. También puede notar los pequeños detalles, como cuando cada vez que él puede, tiene una mano sobre ella, así sea sobre su brazo, su muslo o entrelazando sus dedos, donde ve brillar su aro de matrimonio. Su propio anillo de compromiso brilla en su anillo corazón, complementando la imagen que parece ser sacada de una revista de bodas. Ese anillo simboliza la pertenencia que tiene el uno sobre el otro, el contrato firmado ante su familia y Dios que estarán juntos hasta que la muerte los separe y si estuviera en su poder, incluso después de eso.
La conversación fluye con alegría y después de pagar la cuenta, él la acompaña a su carro y abre la puerta para permitir que ella entre. La despide con un beso y le paga al muchacho del valet-parking. Y mientras ella lo ve alejarse recuerda que él nunca le dio una respuesta concreta sobre sus labores para la tarde. Trata de no entrar en su usual estado paranoico y canta junto con la radio sobre amores perdidos y desconsuelos, regocijándose de que ella no debe preocuparse en esas cosas y pensando en que su hija debería dejar de escuchar música tan deprimente si es que va a utilizar su auto y luego dejar el equipo en esa emisora.

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Ella puede oír pasos en las escaleras, pero sabe que no es él. Puede sentir la diferencia en el ritmo de las pisadas, la falta de llaves balanceándose en las manos del extraño. No es lo mismo. 
Y quiere gritar. Chillar hasta que su garganta quede en carne viva y su voz ronca es todo lo que se pueda oír en el lugar. Porque es tan jodidamente injusto. Porque ella no se apunto para esto. Porque tenía expectativas completamente diferentes a la realidad. Y sí, tal vez sus experiencias previas la prepararon para la decepción pero una pequeña chispa de esperanza traicionó a su ser y realmente había tenido fe en que las cosas serían distintas.
Después de todo, la fe es lo que la ha empujado durante toda su vida.
Quizás la confió en la persona equivocada.

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La primera vez que tiene la ligera sospecha de que algo va mal, lo tacha como paranoia. Después de todo, el trabajo lo mantiene ocupado y no es como si pudiera poder localizarlo las veinticuatro horas del día. La posibilidad de que sea lo que más teme cruza su mente por un momento tan fugaz que por poco y ni la siente y casi puede olvidarlo en el momento en que su hija le pregunta cuanto tiempo falta para almorzar.
La segunda vez, la preocupación la agobia por unos días, la vuelve asustadiza y distraída. Las cosas se le resbalan de las manos, las ollas se rebalsan, los adornos se rompen y los cuadros se caen. Comienza a recibir preguntas extrañas y miradas inquisitivas pero logra esquivarlas.
Es la tercera vez que lo sospecha, cuando obtiene su respuesta. Finalmente, consigue el coraje necesario y hace la temida pregunta. Lo descubre en la manera en la cual sus ojos se desvían y su respuesta tarda unos segundos de más en llegar. El hecho la golpea y la deja sin aliento. Puede sentir su corazón latiendo desbocadamente y como la sangre abandona su rostro para luego regresar con fuerza.
Pero no dice nada. Simplemente se pone de pie y abandona la mesa.

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Cuando el perillo de la puerta gira y escucha el tintineo de su estúpido llavero, abandona el sofá y se enfrenta de pie a la puerta. Se prepara a si misma para el enfrentamiento, porque no es la primera, ni la última, vez que lo tienen.
Y se pregunta, ¿cuantas veces más podrán pelear sin llegar a un acuerdo? ¿Hasta cuándo pueden estirar la realidad antes de que llegue a su punto de quiebre? ¿Cuánto daño podrán hacerse el uno al otro antes de llegar a un punto de no retorno?
Mientras lo ve a la cara y sus manos se convierten en puños, todas las interrogaciones desaparecen de su cabeza.
Solo sabe que es la primera en gritar.





martes, 21 de mayo de 2013

Last Hope.

It's just a spark, but it's enough to keep me going. And when it's dark out, no one's around, it keeps glowing.

Cuando abro los ojos en la mañana, lo sé. 
Mientras mis piernas se enredan con las sábanas y mis ojos luchan al buscar un punto en el cual enfocarse, lo siento en la boca del estómago, en la amargura en mi boca.
Suspiro. Aún debo enfrentar el día.

Puedo sentirlo precipitarse debajo de mi piel, corriendo en mis venas, como un combustible esperando por la más mínima chispa para encenderse, consumiéndome por completo en el proceso, para convertirme en cenizas de las cuales podré renacer.
Es un dragón dormido, que traerá la destrucción al reino en cuanto despierte.

Está presente cuando dejo de prestar atención a mi alrededor. Cuando ignoro voces irritantes y conversaciones sobre tensores y extensores. Sé lo suficiente sobre tensión, el constante tira y afloja no me pasa desapercibido. Y cuando una pregunta fuera de lugar me trae de nuevo a la realidad, las ganas de gritar se acumulan en mi garganta y mis labios se fruncen, para luego relajarse y convertirse en una sonrisa artificial.

'No, aún no lo veo.'

Llega el punto de ebullición, en el que quiero estar sola, y hay gente en todos lados, quiero mi espacio, y hay manos ajenas, quiero voltear mesas, y no limpiar el desastre que queda.

Y aún así...

Quiero su abrazo.
Quiero esa suave caricia.
Quiero que alguien resuelva este rompecabezas del cual aún no tengo todas las piezas.

Uno cosecha lo que siembra.

La ansiedad siempre presente se prepara para estallar y aunque antes huía de ella, hoy la adopto y la acepto como parte de mí. Y el infierno está listo para desatarse pero he estado demasiado tiempo flotando en el Estigia sujetándome a una barca que sigue el mismo camino nueve veces. La wanderlust no desaparece.

No puedo ignorar esto. No cuando es lo único que me mantiene viva.




sábado, 16 de marzo de 2013

8 Ways To Say I Love You.

Por R. Mckinley

1. Escúpelo en su casilla de voz, arrastrando las palabras y sonando como el shot de whiskey que tomaste para reunir el coraje. Siéntete tan avergonzado como cuando vas al trabajo con la ropa de la noche anterior. Despiértate afrentado los siguientes días, esperando a que ella lo mencione.

2. Suspiralo en su boca, acuñado entre dientes y lenguas. No permitas que tus labios se muevan, ni siquiera un poco, cuando lo digas al aire. Tal vez solo era una exhalación de éxtasis.

3. Cómprale flores. Cómprale chocolates. Cómprale un osito de peluche, porque eso es lo que toda comedia romántica te ha enseñado. Llévala a un buen restaurante en donde ninguno de los dos se sienta cómodo y mantente toda la noche aclarando tu garganta y jugando con tu corbata. Siéntete como si tus acciones fueran más apropiadas para una propuesta de matrimonio en lugar de la simple confesión de algo que siempre has sabido.

4. Susúrralo en su cabello en la mitad de la noche, después de haber contado los espacios entre sus respiraciones y después que tienes la certeza de que está durmiendo. Cierra tus ojos con rapidez cuando gire hacia ti en interrogación. Tal vez solo estabas hablando dormido.

5. Suéltalo en la mitad de un baile espontáneo en la cocina, tan torpe como tus dos pies izquierdos. Cuando el tiempo parezca congelarse, añade precipitadamente "cuando te pones esa camisa" o "cuando haces esas albóndigas espectaculares" o, si te estas sintiendo particularmente valiente, "cuando hacemos esto." Sigue bailando y finge que no sientes como te observa por el resto de la noche.

6. Escribele una carta cuya angustia y gran afección pueda rivalizar la del Señor Darcy. Reflexiona todo el día sobre donde deberías dejarla - ¿en su almohada? ¿en el bolsillo de su abrigo? Tírala en frustración, dejándola convenientemente con la cara arriba en el tacho de basura, su nombre escrito con tu descuidada caligrafía. Permite que se pregunte si realmente lo dices en serio.

7. Espera hasta que algo horrible haya sucedido y tú no puedas contenerte más. Espera a que casi la golpee un carro cruzando la pista a contraluz y cuando termines de maldecir a los "estúpidos conductores de taxi sin cerebro en esta ciudad" date cuenta de que te aterroriza la idea de vivir sin ella. Díselo con tus manos temblando.

8. Dilo deliberadamente, tu lengua siendo un trampolín para cada sílaba. Dilo mientras toman café, cepillándose los dientes lado a lado, mientras apagas la luz para ir a dormir - no importa dónde. No lo adornes con palabras extras como "Creo que..." o "Puede que..." No suspires con pesadez como si admitirlo fuera una molestia en lugar de la cosa más dichosa que hubieras podido hacer. Mírala a los ojos y reza, con el corazón latiendo enloquecido, que ella se dará la vuelta y te dirá: "Yo también te amo."


lunes, 11 de marzo de 2013

I'm Not Calling You A Liar.


There's a ghost in my mouth and it talks in my sleep, wraps itself around my tongue as it softly speaks.

No insinúo que mientas, pero te pediría que no lo hicieras.
Tus historias tienden a tropezarse entre ellas mientras bailan a mi alrededor. Hay algo en tus sonrisas que no concuerda y nuestras conversaciones se asemejan a un campo minado. Disculpa mi franqueza pero no estoy acostumbrada a risas fingidas, ni falsas promesas; no aceptaré tus comentarios condescendientes y no me dejare moldear a tu parecer. 
Quizás la manera en que crecimos fue diferente, pero eso no te hace mejor que yo.

No te llamo ladrón, pero no te atrevas a robarme.
No tientes mi paciencia, porque no la tienes; palabras son palabras, excepto cuando ocultan un sentimiento detrás. No te debo nada y aún así mi conciencia está completamente trastornada, sentimientos de culpa me inundan constantemente y no puedo evitar resentir de ti por ello. Soy una persona terrible y debido a eso, mis sentimientos son horribles también, todo se tiñe de negro, manchas que se expanden incluso en la emoción más pura y el rechazo es algo que me viene al natural.

No creo en los fantasmas, así que no me atormentes.
Excepto que sí, lo hago, porque todas las noches ellos se enredan en mis recuerdos y atrapan mis ideas. No puedo evitar cometer los mismos errores y a pesar de que estoy cansada de ello, sigo cayendo en los brazos equivocados.

Estoy tan acostumbrada a mi dolor que lo dejaré destruirme.


Unnamed.

Cuando el día ha sido bueno, no lo suficientemente agotador, pero no tan sencillo como los demás, tiro mis zapatos al suelo, me lanzo en la cama y pienso.
Quizás ese sea mi mayor defecto, pienso una y otra vez las cosas que los demás no se molestarían en imaginar, pienso en todo lo que podría salir mal (y por experiencia, eso es equivalente a todo lo que va a salir mal), pienso en lo que estoy haciendo de forma incorrecta  y como no puedo hacer nada por evitarlo, pienso demasiadas cosas que solo sirven para ubicarme en un sitio oscuro del cual se me hace cada vez más difícil salir.
Y lo que más me asusta imaginar, que, por supuesto, es lo que aparece con más frecuencia en mi mente es la percepción que tiene la gente de mí. Para ser más específica: la percepción de la gente que más quiero.
Los pensamientos que cruzan mi cabeza suelen ser de la siguiente naturaleza: "¿Cuándo llegará el día en que se aburran de mí?"
¿Cuándo vendrá el momento en que mirarán hacía mi dirección y se preguntaran que es lo que encontraron tan fascinante en mí como para tolerarme?
Cuando mis comentarios dejen de parecerles adorables y se vuelvan desatinados y groseros.
Y mi incapacidad de mostrar cariño los haga preguntarse si realmente me importan.
Cuando mi perpetua irritabilidad les haga perder los papeles.
Y mi limitada experiencia les haga rodar los ojos.
Solo espero que me lo digan.
Prefiero una advertencia y algún consejo de como puedo mejorar en lugar de una rápida despedida que ni siquiera sea hablada.
Espero que tengan esa delicadeza conmigo.