martes, 11 de diciembre de 2012

Last Kiss.

All that I know is I don't know how to be something you miss.

Aún recuerdo el gélido entorno que nos envolvía y como el calor que emitías me hacía acercarme más a ti. Ese lugar tan extraño, una ciudad desconocida, un nudo en mi garganta por todo lo que no estaba saliendo de acuerdo a lo planeado y tu lo hacías desaparecer sin darte cuenta, los sonidos que hacías al dormir delataban tus sueños y tu comodidad al tenerme tan cerca. Siempre ha sido lo que no nos decimos lo que define lo que somos.
Al parecer, no fui la única en ver ese lado de ti.

Sin embargo no escapa de mi mente el aroma del orégano y especias, el resguardo que proveía ese café justo horas antes de que todo sucediera. El pensar en ti, la lluvia y mi ciudad favorita hacía que todo valiera la pena, todo ese año de incertidumbres, lágrimas y rabia que me llevo hasta ese momento. Podía sentir el latir de mi corazón, como la sangre se arremolinaba en mis oídos y me volvía poco capciosa. Y mientras me besabas y tomabas gran parte de mi cabello entre tus dedos, cuando tu otra mano viajaba por mi cintura podía entender finalmente todas esas canciones y libros y poemas que hablaban sobre alguien capaz de encender todos tus sentidos, que rompía todos tus esquemas y muros con un solo roce de labios. Y siendo mi ingenuo ser, fui capaz de confundir el simple deseo con un anhelo más profundo, evitando notar como tus brazos me tomaban, pero no hubo ningún abrazo.

Y ahora me entierro en mis mantas con el fantasma de tus manos acechándome y todas las noches me voy a dormir esperando sentirme mejor en la mañana, pero no lo hago. Es una especie de patada en el estómago pensar en ti y dejar que mis demonios me atrapen de nuevo en una serie de situaciones ni buenas, ni malas, si no ocultas en más de cincuenta matices de gris.

Nunca imaginé que lo que comenzó como una ilusión de niños; las sonrisas tímidas, tomarnos de las manos, los chistes tontos, los dulces compartidos, se convertirían en esta espiral de sentimientos ocultos y avergonzados, a las escapadas a escondidas, a las mentiras.

Aún recuerdo miles de cosas, como tu súbita timidez al conocer a mi padre, como acariciaste la suave tela de mi mejor vestido, como peleabas con mis demonios internos solo para sacarme una sonrisa, la forma en que tus labios siempre lograban encontrar el punto exacto que me hacía estremecer, las discusiones que iniciabas solo por el hecho de hacerme sentir algo. ¿Qué quedo de eso? Solo un viejo suéter que aún conserva tu colonia y que no me atrevo a lavar, un historial de conversaciones al cual no se le añade nada, fotos grupales y un puñado de canciones que no puedo escuchar.

Así que me conformaré con ver en redes sociales como tu vida avanza, mientras creas nuevos recuerdos con otras personas y una parte de mí sigue estancada en el mismo lugar. Preguntaré sobre ti mientras paso el tequila de mano en mano, fingiendo que no me importa, esquivando miradas llenas de acusaciones y sospechas. Esperaré a poder cerrar ese capítulo de mi vida, aunque no se cuanto tiempo me pueda tomar.

Supongo que nunca imaginé nuestro último beso.


1 comentario:

  1. Tan sencillo y exacto a la vez, nunca decepcionas cuando escribes, al contrario. Existen matices que nos marcan, lo importante es darse cuenta como se puede cambiar a otro color. Eres grande, onee-chan!

    ResponderEliminar